ANSA Cambodia es el nombre de la ONG en la que llevo a cabo mi voluntariado en la ciudad de Phnom Penh. Básicamente se centra en liderar a los jóvenes para que alcen la voz y trabajen en el desarrollo de la contabilidad social, la democracia y la educación en el país. Esta organización está afiliada a KIND (Khmer Institute for National Development) y CheckMySchool, proyecto que se centra en solucionar problemas contables y falta de recursos para la infraestructura de las escuelas.
ANSA Cambodia Office
Aquí tuve la oportunidad de conocer a Pheng Kaulab, mujer de 25 años que con mucho trabajo y esfuerzo ha logrado llegar a un puesto de vicepresidenta en una de las mejores organizaciones del país. Cuando era pequeña sacó adelante sus estudios gracias a que vendía artesanías a los turistas en los mercados hasta llegar a terminar la escuela preparatoria, convirtiéndose en una de las pocas mujeres que lo logran en este país. Durante su carrera, en la Universidad Internacional de Phnom Penh, también tuvo que dedicar tiempo al trabajo ya que tenía que pagar sus estudios y mantener a su familia al mismo tiempo. Para poder ser parte de la organización trabajó hasta nueve meses sin sueldo sólo para probar que era capaz de llevar acabo las actividades que la organización le pedía, una buena "capacitación" para su futuro trabajo fue la excusa.
Los últimos tres días tuve la oportunidad de conocer a su familia y sus tierras, las cuales visita cada fin de semana para ayudar en los labores de su casa. Esta ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi estancia aquí hasta ahora, es increíble ver cómo se puede dar tanto con tan poco y es que aunque suena cliché muchas veces nos olvidamos de las cosas que realmente importan. En Kampong Chnang la personas viven de la tierra, la principal actividad económica son los campos de arroz por lo que pasan múltiples horas al día cuidándolos y extrayendo los pequeños granos con delicadeza. La mayor parte del panorama es tierra y campo pero eso no evita que los niños jueguen a plena luz del sol y se mojen en los campos cuando llueve. Las casas están echas de madera, algunas de palma y otras de lámina, cuentan con muy poco acceso a la luz y el sistema de drenaje es nulo pero aún así Kaulab, su familia y todo el pueblo siguen sonriendo y cantando todo el tiempo. Para ellos la fruta es un manjar, el medio de transporte son los coches guiados por una vaca y una mesa compuesta por tablas su mejor sofá.


Desde el momento en que llegué hasta que me fui no pararon de tener atenciones conmigo. Mi amiga hizo de la mejor guía de turistas y me llevo por un recorrido de Pagodas sorprendente, me dio de comer la mejor comida Khmer que he probado durante mis tres semanas aquí y me ofreció su casa como si fuera mía. Muchas cosas qué aprender y qué reflexionar pero sobre todo qué valorar. No dejemos que llegue el momento en que ya no tengamos las cosas para realmente disfrutarlas, estamos tan acostumbrados a querer más que no sabemos palpar lo que tenemos ahora. Eso entre otras cosas más me enseñó Kaulab este fin de semana el cual se queda en mi corazón por siempre.





Wow!!
ResponderEliminar