Soy de las que creen que durante el largo camino de la vida nos vamos encontrando con pequeños ángeles quienes nos iluminan y hacen memorables ciertos recuerdos, viajes, procesos o vivencias. En mi voluntariado he tenido la suerte de encontrarme con dos. Una de ellas es Kaulab, mi amiga camboyana de la cual ya he hablado en entradas anteriores y la segunda es Mary. La persona que empezó siendo sólo una australiana con la que iba a compartir cuarto se fue convirtiendo en mucho más que eso, una amiga, una guía, una hermana.
Es increíble cómo te puedes adaptar tanto a las situaciones que se te presentan y acostumbrarte a las personas que te rodean. Con Mary compartí la mayoría de mi tiempo estos dos últimos meses en Camboya, desde el "buenos días" en la mañana, compartir la lavandería, idas al gimnasio, nuestro gusto por el chile y la búsqueda incesante de restaurantes internacionales para calmar nuestro gusto por la gastronomía (por no decir comedera), hasta las múltiples enfermedades, los interminables piquetes de moscos y las idas al baño... sí no todo es bonito jajaja.
Con Mary compartí risas, lágrimas, enojos, logros y fracasos. Interminables noches en el rooftop de la casa de voluntarios imaginándonos cómo será nuestra vida cuando regresemos, platicas profundas sobre cómo solucionaríamos el mundo y sobre cómo envejeceríamos. Con ella me convertí en economista, psicóloga, altruista, crítica literaria, consejera, estudiante y maestra a la vez.
Lo cierto es que mientras muchos pensamos que cambiamos el mundo ella realmente lo hace. Permítanme compartirles que ella es editora en Arquitecture Media, revista de publicidad en la ciudad de Melbourne Australia, es co-editora del blog Breathe Inspiration Journal y ha sido la persona más comprometida con su voluntariado que he conocido hasta ahora. Unos meses antes de llegar a Camboya organizó un sorteo de un viaje de lujo para recaudar fondos y compartirlos en su programa, el cual consistió en cuidado de niños en Joy Day Care Center Cambodia. Fungió como maestra, preparó comida para los niños, organizó actividades extra curriculares y visitó los barrios bajos para conocer a las familias de todos los niños en su clase, llevó despensas y regaló mucho más de lo que tenía.
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En sus últimos días en Camboya, Mary decidió pagar los futuros estudios de uno de sus estudiantes, al cual ya no se le había permitido permanecer en el centro porque ya no tenía la edad límite. Saravon está por cumplir seis años, es uno de los doce hijos que conforman su familia y su mamá se dedica a recoger basura para ganar dos o tres dólares y mantener a su familia. ¿Pueden imaginar lo que es para ellos el que Saravon tenga un futuro?
Sí, eso es lo que hace mi amiga, cambia vidas, ilumina días y regala sonrisas. Llevo tres días sin ella y no es lo mismo, ahora mi cuarto se siente sólo, mis comidas no son tan divertidas y no tengo alguien que me diga buenos días a las 7 de la mañana. Me duele y me cuesta pero creo que es parte de la experiencia. Agradezco infinitamente haberla conocido y ahora la tengo que dejar ir, espero que algún día nos volvamos a encontrar y que recordamos nuestras aventuras juntas en Camboya pero por el momento tengo que volver a adaptarme y esperar a que otra ángel se vuelva a encontrar con mi camino.









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